Soy el amo de mi destino, soy el capitan de mi alma.

por Nelson Mandela,

nelson mandela invictusNelson Mandela, más allá de sus innegables méritos políticos y humanitarios (la lucha contra el apartheid, por los derechos humanos), siempre me ha sorprendido su historia personal, su capacidad de soportar lo insoportable. Y, sobre todo, su capacidad de perdón. Pero no únicamente eso. Si fuera así, sólo (es un decir…) sería un hombre resiliente y bueno. Además era listo. Supo utilizar su ejemplo y su padecimiento con inteligencia, alejando la ira (que sería muy comprensible que hubiera sentido, y que quizá sintió) hacia quienes le mantuvieron en la cárcel durante 27 años, y utilizando el perdón como un arma práctica que llevó a la reconciliación de su país, Sudáfrica.

El poema fue escrito en 1875 por el poeta inglés William Ernest Henley (1849–1903). Y no fue un mero ejercicio estético. Era una expresión de su actitud ante las dificultades de la vida. Henley sufrió tuberculosis de niño, tuvo que pasar un año postrado y tuvieron que amputarle una pierna a raíz de la enfermedad. No se hundió, no dejó de hacer cosas. De hecho, él inspiró a su amigo Robert Louis Stevenson el inolvidable personaje de Long John Silver en “La Isla del Tesoro”.

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Más allá de la noche que me cubre,

negra como el abismo insondable,

doy gracias al dios que fuere

por mi alma inconquistable.

En las garras de las circunstancias

no he gemido ni llorado.

Sometido a los golpes del destino

mi cabeza sangra, pero está erguida.

Más allá de este lugar de ira y llantos

donde yace el horror de la sombra,

la amenaza de los años

me halla, y me hallará sin temor.

No importa cuán estrecho sea el camino,

ni cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino,

soy el capitán de mi alma.

-Nelson Mandela.